El 3 de septiembre de 2006, la selección ganó a Grecia (70-47) para conquistar el primer título Mundial de su historia, el primer oro en categoría absoluta del baloncesto español. No sólo fue una conquista inédita en el deporte de las dos canastas, supuso un cambio de paradigma en la mentalidad competitiva en España, cambió los límites de la ambición de los deportistas nacionales y terminó con los complejos y el fatalismo, especialmente con aquellas fatídicas eliminatorias en cuartos de final, nuestro techo. Fueron los años de los títulos de Fernando Alonso en F1 y el inicio de la hegemonía de Nadal en Roland Garros. Después llegó el triunfo de la selección de fútbol de Luis Aragonés en la Eurocopa 2008 que abrió una época gloriosa para el fútbol español. Pero fue aquella selección que se coronó en Saitama (Japón), con una manera de ser muy particular, un plantel extraordinario (tenía talento, carácter competitivo, inteligencia emocional y cohesión interna) y un liderazgo horizontal para poner el grupo por encima de las individualidades, la que nos enseñó a ganar. Hoy, en Madrid, 20 años después de la gesta, la FEB reúne a los 12 campeones del mundo y a Pepu Hernández, el seleccionador por aquel entonces, que hizo del ba-lon-ces-to el deporte rey por unos días con una arenga inolvidable.

