Algunas comedias recurren a la descontextualización de sus personajes para despertar las risas. Colocas a un tipo con unas características biográficas muy marcadas en un lugar al que no pertenece y dejas que pase el tiempo, que él mismo se enrede en ese ecosistema ajeno. A medida que avanzan las secuencias, sus rutinas, nada particularmente extraño, se vuelven hilarantes. Un Marciano en Roma de Ennio Flaiano, el alienígena que aterriza en al capital de Italia y despierta una ola de fascinación al salir de su nave en plena Villa Borghese. Luego, poco a poco, sufre la indiferencia romana, un pueblo que ha visto demasiado en 2.779 años para cederle el turno en la cafetería a un extraterrestre.

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