Hay una verdad que el fútbol guardó en un cajón durante 64 años: 1962, Chile. Garrincha había sido expulsado en la semifinal contra la selección local, por propinarle un puntapié descalificador a Eladio Rojas. Cuando marchaba rumbo al vestuario, un proyectil lanzado desde la tribuna impactó en el jugador de piernas chuecas, el más elogiado de esa Copa del Mundo y figura clave en el Brasil que se consagraría bicampeón.

