Thomas Voeckler sabe mejor que casi nadie lo que pesa Francia en julio. Sabe lo que significa llevar encima la ilusión de un país que lleva décadas buscando un heredero para volver a mirar de tú a tú al Tour de Francia. Lo vivió vestido de amarillo, convertido en símbolo de resistencia, carisma y fe para una afición que siempre necesita un motivo para creer. Por eso, su análisis sobre Paul Seixas tiene un valor especial.

