Brasil no necesitó perder contra Noruega para descubrir que algo no funcionaba. La derrota solo ordenó todas las piezas del desastre de una selección que llegó rota al Mundial y que nunca encontró el camino. El penalti fallado por Bruno Guimaraes, con todo el trasfondo que esconde; el doble golpe de Haaland; la ausencia del mejor Vinicius cuando el partido más lo exigía; y las decisiones de Carlo Ancelotti no explican por separado la eliminación. Juntos sí dibujan la autopsia de una selección que terminó cayendo cuando el Mundial dejó de perdonar los parches.

