Barcelona no solo acoge el Tour de Francia. Lo compra, lo organiza, lo enseña al mundo y espera recuperar con creces una inversión que, de entrada, no es menor. La capital catalana pagará casi 10 millones de euros a la organización de la ronda francesa por recibir la salida de la carrera más vista del planeta. Si a esa cantidad se suman los costes de organización, seguridad y espectáculos, la factura total para las instituciones catalanas se acerca a los 25 millones. Mucho dinero. Pero, según Francesc Rufas, profesor de EAE Business School, también una oportunidad difícil de igualar.

