Malas bestias dan cuatro vueltas a tope, a tope al velódromo de Saint Quentin en Yvelines, la banlieu de París. Qué exhibición de glúteos máximos, de vastos, de los músculos que producen la fuerza que genera la velocidad, qué lágrimas las de Alejandro Martínez Chorro, que desengrasa en el rodillo clavado en la pelousse. Es la final del kilómetro contrarreloj (salida parada) del Mundial de ciclismo en pista. Martínez Chorro, alicantino de Sant Vicent del Raspeig, de 24 años, 1,82m, 90 kilos, “y soy un ciclista, no un culturista, aunque la gente lo piense por mis músculos”, aclara, ha salido el primero de los ocho que la disputan. En teoría, así debería terminar, octavo, pues la salida se organiza en orden inverso a los tiempos de la clasificación matinal.

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