Existen ciertos rasgos físicos que se convierten en el sello de identidad de una persona, como la mirada, la sonrisa, la forma de la nariz o el cabello. Estos rasgos se fusionan de tal manera con la identidad que pueden marcar nuestra esencia. Tanto es así que cualquier cambio en la apariencia tiene el poder de modificar la percepción que el público tiene de nosotros.

