La herramienta del pasaporte biológico, infalible frente al antidopaje para los que sacan provecho de ella, especialmente la Agencia Mundial Antidopaje, y plagada de enigmas para las que lo cuestionan en la otra trinchera por la opacidad de su algoritmo, tiene atrapado en una tela de araña a Ainhoa Pinedo. La marchadora de 50 km arrojó valores anómalos según le comunicó la AEPSAD el 24 de julio de 2019 y cuyo expediente aún no se ha resuelto. Han pasado siete años. Y junto al proceso legal se eleva otro ya, el de la indefensión ante un proceso que no avanza. La atleta, cuya defensa afirma tener sólidas pruebas del supuesto error con graves episodios de salud por medio, solicita un desenlace que no tiene fecha.

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