Cuando las temperaturas se disparan, el interior de un coche puede convertirse en minutos en un pequeño horno sobre ruedas. Los asientos queman, el volante parece haber pasado por una fragua y cualquier botella de agua olvidada en el asiento alcanza una temperatura poco apetecible. En medio de esa batalla contra el calor veraniego existe una ayuda con la que cuentan miles de vehículos desde hace años, pero que suele pasar desapercibida incluso para muchos propietarios.

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