Dos años y medio después de la tormenta de rayos y truenos que provocó Ferrari al anunciar la incorporación de Lewis Hamilton, la jugada empieza a cobrar sentido para la Scuderia, que este domingo celebró el primer triunfo del británico enfundado en el mono rojo de la marca más universal del mundo de las carreras en un circuito de Montmeló que se despidió de la Fórmula 1 hasta 2028. El Circuit asistió al renacimiento del multicampeón británico, que volvió a ganar casi dos temporadas después de la última vez, y que añadió una muesca más a su hipertrofiado palmarés, 106 victorias ya en la hoja de resultados más refulgente de la historia del certamen. En una versión mucho más fiel a lo que había sido siempre, Hamilton entró en trance en el circuito barcelonés, donde su equipo le dio un coche capaz de imponerse a los todopoderosos Mercedes, superados por primera vez en lo que va de curso. Gracias a una estrategia brillante parida desde el muro, y al punto de suerte que tuvo a raíz del coche de seguridad virtual que forzó el abandono de Fernando Alonso (vuelta 41), el corredor de Tewin encontró un pasadizo para superar a George Russell sin necesidad de adelantarle en pista, la forma más segura que hay. El piloto de Mercedes salió desde la pole y aún gracias que terminó el segundo, beneficiado del apagón sufrido por Kimi Antonelli, su vecino de taller, que acababa de adelantarle a solo cuatro giros de la bandera de cuadros. El podio lo completó Lando Norris, el actual campeón. Carlos Sainz, por su parte, cruzó el 12º.

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