Imaginen un equipo de la Euroliga con sede en Dubái que cuente con un puñado de los mejores jugadores de Europa y alguna estrella de la NBA. Una o varias Final Four en el Coca Cola Arena de la capital. Un patrocinio de la competición por parte de Emirates Airlines que aporte entre 50 y 60 millones de euros al año. Parecía una utopía, pero puede hacerse realidad a corto o medio plazo provocando una revolución total en el baloncesto europeo, que se extendería más allá de las fronteras geográficas del continente.

