El Papa León XIV aterrizó el sábado en Madrid, primera escala de su viaje apostólico a España, y la capital se volcó con una expectación que no se vivía desde la Jornada Mundial de la Juventud de 2011. Calles cortadas, balcones engalanados, 16.000 voluntarios movilizados y una agenda que culminaría el lunes con un Santiago Bernabéu rugiente ante más de setenta mil fieles. En medio de ese fervor, el domingo por la tarde, el Papa recibió en privado a los cerca de 200 agustinos españoles. Entre ellos aguardaba su turno un fraile vallisoletano que durante 12 años fue su amigo en la curia romana.

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