Hay un patrón en la memoria de cada Mundial: el del jugador que entró siendo un nombre y salió con etiqueta de estrella. Michael Owen en Francia 98, James Rodríguez en Brasil 2014 o Julián Álvarez en Qatar 2022. Todos compartían la misma circunstancia. Llegaban con menos de 25 años, sin el rótulo de estrella absoluta, y abandonaron el torneo convertidos en otra cosa.

