El ritmo, la cadencia hipnotizan. El sol vespertino ayuda: las escamas que saltan de la piel de los animales forman una ventisca plateada y estival. Tres muchachos alimentan el más suave de los mecanismos, pescado, cuchillo, vísceras, ¡chop, chop! El día se afloja en el muelle y Curazao, esta pequeña isla árida frente a la costa norte de Venezuela, parte de las viejas Antillas holandesas, se eleva ahora mismo como una de las mejores ideas concebidas desde el Big Bang; a ratos, parecerá también lo contrario, un parque temático del Caribe para europeos y estadounidenses. Pero no ahora, reino del bienestar corporal, refugio del sosiego, alma del mundo lento. Vísceras, escamas, agua salada, sol lechoso, ritmo, ritmo, ritmo.

