Quizá te suene de algo (o tal vez ni te suene) el nombre de Ferdinand Piëch. Se trataba de un carismático mandamás del Grupo Volkswagen durante la década de los noventa que albergaba en su mente una visión que superaba los límites de lo que podríamos llamar la ‘lógica comercial’. Entre sus ideas, se propuso demostrar al mundo que la firma de Wolfsburgo podía concebir una superdeportivo sin parangón, uno que obligara a marcas de la talla de Ferrari, Porsche o Lamborghini a contemplar con absoluto respeto el emblema del coche del pueblo (Volkswagen, en alemán).

