No es la Costa Brava ni Benidorm, sino que Ici C’est Paris, rezan orgullosos la mayoría de los que este lunes van embadurnados de crema y más crema, protegiéndose como buenamente pueden del sol castigador con gafas, gorras, toallas, paraguas o lo que se tercie, que todo vale. ¡Sálvese quien pueda! Así es: cae fuego. “¡Ahí, ahí está! Restando…”, dice una veinteañera española a la que la estatura la alcanza lo suficiente como para distinguir la silueta de Rafael Jódar al fondo, entre las mil cabezas que rodean la pista 12 de Roland Garros y que estiran el cuello al máximo, jirafas todos en este mediodía de calor —unos 32º, pero sensación muy superior— y de presentación: con todos ustedes, parisinas y parisinos, he aquí otro Rafa. Este de Leganés, eso sí.

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