Raimooooon, abre los candadooooos!”. En los tiempos de hormigón en la grada del Ciutat de València, la lluvia venía acompañada del ruego de los aficionados de los fondos para acceder a la tribuna cubierta. Entonces, aparecía el encargado de mantenimiento del Levante con un manojo de llaves y desbloqueaba la frontera entre la intemperie y la zona noble del campo.

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