Logroño, ciudad a la que le cuesta aún abrazar el fútbol intensamente tras la muerte del histórico CD Logroñés del Tato Abadía y Oleg Salenko, amaneció el fin de semana con el runrún que emerge en las fechas grandes. En los bares, en las calles cercanas a Las Gaunas, en las conversaciones de las cargadas sobremesas y en los ardientes grupos de WhatsApp, todo giraba alrededor de dos partidos que comprimían una temporada entera. La UD Logroñés, uno de los mejores equipos de la categoría, buscaba el penúltimo paso hacia la gloria de la Primera Federación. La SD Logroñés se agarraba a la categoría con el agua al cuello tras una temporada de pesadilla. Dos escudos, dos urgencias distintas y una misma ciudad pendiente de su estadio. Dos batallas de altura en prácticamente 24 horas

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