«tenía un discurso preparado, pero se fue a la mierda todo», acertó a decir Griezmann cuando las lágrimas y la emoción le obligaron a detener su mensaje de despedida ante un Metropolitano en el que permanecían las 64.396 almas (más allá del centenar de aficionados del Girona) que habían acudido a darle su último adiós. «No se ha movido nadie de la butaca porque te lo mereces», le había espetado Simeone poco antes, tras posar en una foto histórica junto a Antoine, Oblak y Koke: el mejor entrenador de la historia, el máximo goleador, el mejor portero y la mayor leyenda del club.

