Igor Arrieta todavía parecía buscar una explicación mientras recuperaba el aliento en meta. Había ganado la etapa más extraña y emocional de su carrera en el Giro después de un final imposible de imaginar: lluvia, una caída, un error de recorrido a dos kilómetros de meta y una remontada agónica para acabar levantando los brazos en Potenza.

