Todo baila en la cabeza de los ciclistas del Giro, que vuelan a Calabria desde Sofía la noche del domingo, y se preparan para ascender por la península hasta las montañas de la frontera y la guerra con Austria en un viaje de 20 días. Es día de descanso. Pocos duermen bien, y ni los orfidales les ahorran las pesadillas a muchos, conmocionados aún por el bum catacrac, crujido de huesos astillados y dientes, rostro ensangrentado, modelo para eccehomo, de Adam Yates, quejidos, de la caída sangrienta de la segunda etapa, llegando a Veliko Tarnovo durante la excursión búlgara. Para Thomas Silva, de 24 años, el día de la pesadilla de todos fue el de su anhelo cumplido, duerme profundo y solo le desvelan sueños que son rosa lindos, como la maglia que viste.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *