La última jornada del Giro en Bulgaria volvió a dejar una sensación extraña, como si esta carrera todavía no hubiera terminado de asentarse sobre el asfalto. Después del desastre de Veliko Tarnovo, de la montonera salvaje del sábado y de los abandonos que golpearon al UAE, la tercera etapa entre Plovdiv y Sofía amaneció con el pelotón todavía dolorido. Físicamente y también por dentro. Pero el Giro no espera a nadie. Nunca lo hizo. Y acabó regalando otro final nervioso, rápido y afilado, resuelto en un suspiro por Paul Magnier tras una llegada de foto finish en las calles de Sofía.

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