Me pregunto en qué estado quedaría la mano con que Denzel Dumfries despejó aquel balón puñetero ante la atónita mirada de Simone Inzaghi y varios millones de espectadores más: la salud es siempre lo primero. Superadas las primeras veinticuatro horas de rigor que, como cualquier fanático de las series sobre médicos u hospitales debe saber, son las más delicadas, todavía nadie ha podido encontrar una explicación plausible a cómo el árbitro de la contienda -y en su defecto, los jueces de la sala VAR- pudieron pasar por alto una acción tan comprometida para la integridad física del defensa como para la salud mental de una parroquia, la blaugrana, que ya no se intuía muy católica tras otro partido desconcertante de su equipo en esta primera fase decisiva de la temporada.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *