Quedará en el recuerdo como una temporada en blanco, pero sencillamente lo que ha vivido el Atlético en este curso es la fina línea que puede separar la gloria de la decepción. Tanto es así que hace apenas 18 días no era descabellado soñar con un Doblete jamás conseguido (el único de su historia, con Simeone sobre el verde, sería de Liga y Copa en el 96). Hoy rumia dos derrotas que si bien no pueden empañar sus méritos, le dejan con el sinsabor de irse de vacío, más allá del primordial y ya habitual objetivo conseguido de sellar la clasificación para la próxima edición de la Champions por la vía del campeonato doméstico.

