A las faldas de la Sierra de Gredos, Noel Martín creció con la ilusión de quien busca pelear por un sueño que para muchos se antoja imposible. Durante la década de los 90, las calles de El Arenal siempre escuchaban el mismo sonido: los gorjeos de los gorriones; sin embargo, sus incesables pedaladas lo cambiaron todo. El soniquete de la cadena de su bicicleta se fundió con el cantar de los pájaros y aportó una nueva melodía a las pintorescas calles arenalas.

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