Suelen decir que el deporte es un salvavidas. Para muchos, entrenar es una cuestión de diversión, disciplina o metas personales. Sin embargo, la historia de Sheila Martínez no tiene nada que ver con esto. Ella no eligió el boxeo por afición, sino por supervivencia. Tras una infancia difícil, marcada por situaciones que ningún niño debería enfrentar y una realidad familiar complicada, a los 17 años terminó viviendo en la calle. Fue en ese momento cuando el boxeo fue la única vía que pudo salvarla.

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