La angustia del Barcelona en la Champions se agudiza temporada tras temporada. Desde que tocó el techo de Europa en Berlín 2015, el equipo azulgrana salta de golpe tras golpe, sin remediar si en el campo manda la MSN (Messi, Suárez y Neymar), Messi solo o Lewandowski. Tampoco importa si en el banquillo se sienta Luis Enrique, Valverde, Setién, Koeman o Xavi Hernández. Tras el fiasco de la campaña pasada, cuando el Barça descendió a la Europa League -”Me da rabia escuchar la música de la Champions y no estar ahí”, se quejaba Xavi-, la junta directiva de Joan Laporta miró los activos del club para potenciar la plantilla del primer equipo – “Palancas financieras”, según el presidente. El Barça vendió el 25% de los derechos de televisión y el 49% de Barça Studios e invirtió cerca de 170 millones de euros para fichar a Raphinha, Koundé y Lewandowski. Una maniobra económica que, además, le permitió aumentar la masa salarial para inscribir a los cuatro jugadores que llegaron a coste cero (Christensen, Kessie, Bellerín y Marcos Alonso), más firmar la complicada renovación de Dembélé.

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