El último derbi de la temporada en Mendizorroza cerró en oro para el Athletic. El 2-3 que firmó Nico Williams a siete minutos de alcanzar el minuto 90 provocó una celebración de Champions. Todos los que estaban en el banquillo saltaron al campo como si fuera algo definitivo. El Athletic se escapaba de fango de jugar apretado por el descenso. Cuando el pequeño de los Williams hizo poco después el 2-4 el pensamiento ya fue de otro color: el Athletic ahora sí quiere creer que es un candidato al postre europeo. Fue un duelo a fuego en un estadio preparado para la supervivencia con un Alavés cargado de alicientes para dar sentido al querer de sus aficionados. Los blanquiazules se pusieron dos veces en ventaja y otras tantas recuperó el Athletic el orgullo que parecía olvidado.

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