Hay historias que se escriben desde el principio y otras que, como esta, se disfrutan empezando por el final. El Tenerife ascendió a Segunda antes incluso de saltar al césped, gracias a la derrota del Celta B, y el Heliodoro descorchó una celebración anómala. Se bebió el champán sin haberlo puesto siquiera a enfriar, pero brindó y paladeó el retorno al fútbol profesional con la misma intensidad de siempre.

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