Que después de un 5-4 salga un delantero a hablar y al preguntarle por las ordenes de su entrenador hable de «presionar» y «defender» habla de lo incrustado que tienen los futbolistas del PSG el discurso de Luis Enrique, su exigencia de intensidad, de trabajar como un bloque y de no dejar respirar al conjunto rival. Un ‘lavado de cerebro’ que, ha quedado demostrado, ha funcionado a las mil maravillas.

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