Hay algo profundamente humano, y por eso tan inevitable en el deporte, en ese impulso de volver. Volver a lo que fuimos, a lo que funcionó, a ese instante en el que todo parecía tener sentido. Como si el tiempo, caprichoso, pudiera plegarse y ofrecernos una segunda oportunidad sin coste, sin desgaste, sin cicatrices.

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