Bulgaria se ha puesto el maillot rosa antes de que el pelotón siquiera haya tomado la salida. La elección del país balcánico como sede de la Grande Partenza del Giro de Italia es una apuesta de Estado y, sobre todo, una oportunidad para colocarse en el mapa global del ciclismo y del turismo. El movimiento tiene peso. Doce millones de euros de inversión pública respaldan una salida que quiere ser mucho más que tres etapas.

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