Estados Unidos lleva décadas preparándose para guerras convencionales: grandes flotas, portaaviones, superioridad aérea y dominio tecnológico. El problema es que en el estrecho de Ormuz nada de eso garantiza el control real del terreno. Irán, consciente de su inferioridad militar en términos clásicos, ha optado por jugar a otra cosa. Y ahí está el error de EEUU.

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