La escena en el vestuario del Real Madrid tras la eliminación en Múnich frente al Bayern fue de máxima tensión y tristeza. Los jugadores blancos abandonaron el césped calientes, indignados por la decisión arbitral, aún con la adrenalina del partido en el cuerpo. Pero al cruzar la puerta, las voces se apagaron de golpe al ver al protagonista de la acción, un Eduardo Camavinga que estaba completamente hundido.

