De Juanpe López (Lebrija, 31 de julio de 1997) todos hablan maravillas y él, cuando se lo dicen, se apresura a echar agua fría a los elogios, no sea que ardan y le abrasen, y prefiere el temple que también busca en el agua del Adriático cuando, terminada su hora de bicicleta del día de descanso del Giro, llega al mediodía sudoroso al hotel del equipo junto a la playa, se queda en bañador y se lanza al Adriático a desacalorarse, y sale chorreando agua, y feliz, y, conversando luego, solo se emociona de verdad cuando le hablan de Juan Peña, Lebrijano, cantaor flamenco, y dice, “sí, sí, sí, sí, hombre, hombre, hombre”, con su acento sevillano y su voz ronca, y continúa, “como decimos en Lebrija, cuando Lebrijano canta se moja el agua”, que es un elogio de Gabriel García Márquez que el cantaor convirtió en flamenco. “Es mi favorita, la música flamenca… Todavía no, no estoy preparado para cantar. Si no fuera por la voz, sería cantaor…”

