Alarguemos la mirada. Florentino Pérez intentó intervenir, pero cambió la rueda equivocada al prescindir de Xabi Alonso. El equipo quedó en manos de Álvaro Arbeloa y el poder en mano de los jugadores. No resultó. El entrenador perdió autoridad, los jugadores pasaron a ser sospechosos y la grada se irritó. Transición abortada desde el principio, con jugadores de clase mundial, pero que fueron perdiendo confianza.

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