Los 22 años en los que Arséne Wenger estuvo al frente del Arsenal cambiaron de forma radical la cultura de un club al que metió en dos ocasiones en las semifinales de la Champions (2006 y 2009. Un hito que a Mikel Arteta tan sólo le ha llevado seis temporadas replicar para esculpir su rostro en el Monte Rushmore de la entidad ‘gunner’.

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