Llegó como un completo desconocido después de que el Atlético empezara apuntando a Carreras y tuviera que ir rebajando sus pretensiones mientras pulsaba las opciones de Theo, Robertson o Digné. Y sus inicios como rojiblanco pronto le situaron bajo sospecha por varios motivos: sus primeros partidos no resultaron convincentes, Hancko tenía que ejercer como lateral cada vez que se presentaba un miura en el extremo derecho rival, su aspecto desgarbado y su poco estética manera de correr tampoco ayudaban e incluso lo peor de las redes sociales se encargaba de recordar una y otra vez una pancarta de los tifossi de la Atalanta en la que le afeaban su vida nocturna. Hoy, sin embargo, Ruggeri está más cerca de ser un ‘anti-Lamine’, si es que hay alguien capaz de frenarlo.

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