Por supuesto que lo importante debería ser el mérito, que no el género, pero resulta curioso que eso sólo se recuerde cuando se asoma determinado género, como si se diera por hecho que ése no reúne el mérito necesario, como si se diera por hecho que otro sí. En lo que a los entrenadores respecta, por ejemplo, anda que no podría elaborarse una relación de tipos cuya permanencia en la profesión (al menos en su élite) tiene difícil explicación, de fracaso en fracaso hasta el desastre final.

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