O las manos salvadoras del recuperado Jan Oblak (33 años), considerado como uno de los cinco mejores porteros del mundo, o el buen pie de Juan Musso para salir de la asfixiante presión del Barcelona de Hansi Flick a cambio de menos garantías bajo palos. A ese dilema se enfrenta Diego Pablo Simeone en la posición más delicada para tratar de hacer bueno el 0-2 obtenido en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones disputados en el Camp Nou. “Todavía no di la información a los chicos. Se la doy a ellos primero a las siete de la tarde, que estamos en el hotel”, se limitó a zanjar Simeone cuando este lunes fue preguntado directamente por si iba a jugar Oblak.

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