La imagen de Hansi Flick, calzado con botas de futbolista (lo fue del Bayern y del Colonia) como un jugador más en el entrenamiento del Metropolitano, vino salpicado por una curiosa imagen, la del técnico pisando el césped del coso atlético, para posteriormente agacharse, tocar, cortar, medir, mover… Y no le gustó.

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