El caso de Jonathan Gavalas, un hombre de 36 años que acabó quitándose la vida, ha reabierto el debate sobre los riesgos psicológicos asociados al uso intensivo de la inteligencia artificial. Según la demanda presentada por su familia, su relación sentimental con el ‘chatbot’ Gemini evolucionó hasta convertirse en un vínculo emocional que habría contribuido a su trágico desenlace.

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