El fútbol es, probablemente, el mayor escaparate del mundo. Y prueba de ello es que países que no respetan los derechos humanos han intentado blanquearse a través de competiciones deportivas de audiencia planetaria, como la Supercopa de Arabia Saudí o el Mundial de Qatar, la campaña de imagen más cara de la historia. Ambos estados aplican una interpretación radical de la ley islámica, la sharía. Como si, en España, la justicia imperante fuera una versión moderna de la Inquisición. Confundir a un musulmán con un islamista equivale a pensar que todos los católicos son integristas dispuestos a perseguir y castigar al hereje.

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