Tras dos días de una brutal intensidad física y emocional, Jim Morrison acertó a teclear en su móvil una despedida de su pareja, Hilaree Nelson, así como a describir la secuencia de sus movimientos desde que perdió de vista a su compañera en las cercanías de la cima del Manaslu (8.163 m) y halló y recuperó su cadáver. Hoy, cualquiera puede leer en Instagram su declaración e imaginar las 48 horas frenéticas que tuvo que soportar Morrison hasta el desenlace de una historia que ha conmovido a la comunidad montañera. El lunes, a media mañana Hilaree Nelson y Jim Morrison se abrazaban en la cima del Manaslu (8.163 m). Apenas unos minutos después, Hilaree provocó una pequeña avalancha con sus esquís, resbaló, cayó, y desapareció por la vertiente sur de una montaña que había escalado por su cara noreste. Testigo de lo ocurrido, Jim Morrison se asomó al abismo y supo de inmediato que no sería capaz de descender esa ladera de la montaña. Esquió hasta el campo base, un descenso de esquí extremo que precisa de toda la técnica y frescura mental imaginable, y una vez allí, pidió socorro.

