Con Caitlin Clark llegó la revolución. Aquellas canastas lejanísimas, desde el logo, en su etapa universitaria, un carisma arrollador, o los gritos de celebración con la lengua fuera, pura euforia, mientras miraba a la grada, fueron las alas de mariposa que cambiaron el mundo del baloncesto femenino. La base estadounidense creció, alcanzó la WNBA y allí siguió levantando pasiones con su juego. Con ella se creó un contraste asombroso: su sueldo (78.000 dólares) era ridículo en comparación con su contrato con Nike (28 millones). Cada partido suyo equivalía a un pabellón con todo vendido y audiencias siderales. Y con ella llegó el cambio. Primero, con un nuevo convenio colectivo, recién firmado, por el que todas las jugadoras cobrarán más y ella, en particular, más de medio millón de dólares. Pero, además, ha servido para animar a crear una nueva competición, llamada Project B, que no se solapará con la WNBA, sino que empezará cuando acabe la liga original, en noviembre, y terminará en abril, antes del inicio del siguiente curso. Los salarios, según se ha deslizado, también serán elevados y eso ha atraído a varias estrellas. La última, la española Awa Fam, de 19 años, que dejará el Valencia Basket.

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