“La fuerza de un monstruo”, suelta sin dudarlo Miguel Ángel Jiménez cuando viaja en el tiempo. Campo de Valderrama, en San Roque (Cádiz), del 26 al 28 de septiembre de 1997, hace 25 años cumplidos este miércoles. El “monstruo” es Severiano Ballesteros, el genio cántabro que consiguió lo que parecía imposible, que la Ryder Cup saliera por primera vez de Estados Unidos y las islas británicas y aterrizara en una sede en la Europa continental. Y no solo eso, sino que Europa destronara a una selección de Estados Unidos en la que se estrenaba Tiger Woods, ganador ese pasado abril, a los 21 años, del Masters de Augusta, su primer grande y el inicio de la revolución.

