Cuando a Paco Bru le encargaron confeccionar la lista de jugadores que acudiría a los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, la primera cita oficial de la selección española, no tuvo ningún reparo en admitir cómo la había hecho: “Zamora de portero y una mayoría de jugadores vascos”. En aquel grupo de futbolistas, había cinco del Athletic, el mito Pichichi entre ellos, y también José Mari Belauste, el mediocentro de 1,93 metros, una altura inusual en la época, que le gritó a Sabino Bilbao, también rojiblanco, aquello de “¡A mí el pelotón, que los arrollo!”, la frase que quedó para los anales, el partido frente a Suecia, como origen de la Furia española.

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