Al girar bruscamente el sendero, pudo ver el parking atestado de vehículos aparcados junto a un par de bares, el lugar desde el que había partido a pie, cargada con su mochila y sus tablas de esquiar tres días atrás. La carretera asfaltada, el primer pueblo, más cemento y, de nuevo, la vida corriente allí abajo. Hilaree Nelson se sintió incómoda y notó que algo había cambiado en su cabeza: cierto rechazo hacia la vida civil y una fuerte añoranza del mundo que había dejado arriba, las montañas. Muchas carreras de alpinistas empiezan así y, en muchos casos, las montañas se acaban convirtiendo en un refugio. Sin ir más lejos, Jim Morrison, mismo nombre y apellido que el cantante de The Doors, uno que sintió exactamente lo mismo en otro escenario. Entonces, no conocía siquiera a Hilaree, pero ambos siguieron un camino paralelo, casi calcado, convirtiéndose en grandes especialistas del esquí extremo, primero compitiendo y después llevando a las grandes montañas el compromiso del esquí y el alpinismo. En 2018 vivieron un sueño, el punto álgido de sus carreras: fueron los primeros en esquiar el Lhotse (8.516 m) y merecieron un reconocimiento unánime. Dos años después, la revista Sports Illustrated publicó su historia, mucho más alucinante que cualquiera de sus descensos.

