La religión sigue ocupando un lugar central en la vida pública y privada de Estados Unidos. A diferencia de otros países occidentales, donde la secularización ha avanzado con rapidez, la sociedad estadounidense mantiene una fuerte conexión con la fe, especialmente con el cristianismo. Iglesias, comunidades religiosas y discursos espirituales forman parte habitual del debate político y cultural, influyendo incluso en la visión que muchos ciudadanos tienen sobre el mundo, la moral o lo desconocido.

